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Honduras: dictadura y cuarentenas desiguales

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Fotografía: Jorge Membreño

Por: Galel Briceño, Sociólogo hondureño.

Hay un estado de alerta global frente a la pandemia con mayores consecuencias en el Siglo XXI: el Covid-19. La emergencia de esta pandemia ha despertado diversas reflexiones en la opinión pública y en los grandes medios de difusión. Ha sido muy común leer en los titulares y en las narrativas, que el virus no distingue clases sociales. La afirmación se limita a señalar que, esta vez no sólo se han visto afectados los sectores pobres, sino también han sido afectados actores de la clase política y burgueses alrededor del mundo. Sin embargo, es distinta la recepción de una pandemia, entre países con distintas posiciones de poder en el mercado global. Existen relaciones de poder y dependencias; atendiendo a la relatividad de los contextos, hay quienes tienen mayores posibilidades de sobrellevar una crisis sanitaria de tales dimensiones. En este panorama, Honduras estaría posicionada en desventaja, sobresaliendo por ser uno de los países más desiguales y pobres del mundo. Entonces es irrebatible que, en el país, las cuarentenas también se viven en desigualdad.

Medidas gubernamentales frente a la crisis

A partir del golpe de Estado del 2009, los gobiernos han acumulado, construido y monopolizado recursos financieros, institucionales, sociales y de estrategia política. En consecuencia, a través del tiempo, se ha consolidado un régimen dictatorial. Es mediante las transformaciones neoliberales que revalidan su mandato, en un contexto caracterizado por el despliegue del poder militar como recurso de control social. Han privilegiado el gasto público en el fortalecimiento del ejército, en deterioro de la salud pública. Entonces, ¿qué posibilidades tiene un régimen dictatorial frente a una pandemia global? En principio, donde se impone el neoliberalismo, el Estado de Derecho es casi ilusorio. Como resultado, las estrategias gubernamentales para el control del Covid-19, han sido reproductoras de desigualdad. Se han servido de la militarización de la sociedad, con medidas de reclusión y represión. La receta que han seguido es el Estado de sitio y la violación a los derechos humanos de las clases más pobres, ¡han llegado a lanzar gases lacrimógenos en los mercados y barrios donde la gente comercializa para sobrevivir en el día a día! Quienes tienen más privilegios de clase también incumplen, pero tienen ese salvoconducto: contar con más recursos. A esto se le suman la aprobación de más de 2.500 millones de dólares que, hasta la fecha, no se ven reflejados en los centros públicos de atención médica. Así que, además de las condiciones insuficientes de atención a los casos, la violenta y abrupta consecuencia ha sido llevar la tasa de muerte por Covid-19 más alta en Latinoamérica. Sin duda alguna, se perfila cada vez más difuso el panorama de posibilidades positivas frente a la pandemia.

Subjetividades y emociones en cuarentena

En las expresiones subjetivas y emocionales del encierro, destaca el sentido de indefensión y desesperanza. En las narrativas se percibe cómo el encierro es inútil e insuficiente cuando la gestión gubernamental es inoperante. Las principales preocupaciones radican en pensarse sobreviviendo a una pandemia, indefensos/as y desesperanzados/as, en el marco de un régimen dictatorial que se perfila con insuficiencias en la protección de los intereses de las mayorías.

A pesar del sentido de desesperanza, también hay dinámicas de auto-cuidado y de cuidados comunitarios. Es interesante ver cómo se van construyendo como sujetos productores de nuevas lógicas de cooperación y solidaridad. Las prácticas van desde el apoyo con suministros entre familias, hasta el apoyo en el acceso a los mismos. En algunos lugares al interior del país, también resaltan las acciones dialógicas cotidianas y comunitarias frente a las normatividades y los poderes biopolíticos y biomédicos hegemónicos. Los despliegues de prácticas de cuidado son vivenciados como lógicas de desconfianza y prevención frente a la incapacidad gubernamental y a un sistema de salud precario. También habría que destacarlas redes sociales de los medios electrónicos, con un papel esencial en el fortalecimiento de esos vínculos socio-afectivos.

Humanidad vs productividad

La implementación del trabajo en casa ha manifestado las mismas lógicas neoliberales y tecnocráticas. Lo subrepticio del discurso hegemónico de productividad en el neoliberalismo es que los valores de cambio valen más que la vida misma. Muchas empresas se han servido de vigilar y castigar, como herramientas de medición de productividad. Algunos call centers y otras empresas, tienen rígidas evaluaciones del rendimiento del trabajo en casa. Evaluaciones en sujetos que, como antes se menciona, están pensándose en la indefensión y la desesperanza, siendo muchas veces víctimas de los fake news y del shock tan mencionado por Naomy Klein.

Cuarentenas desiguales

En el ámbito laboral y educativo, lo transversal es el componente de la clase. En ambas, son significativas las brechas de desigualdades en el acceso. Vale insistir que es uno de los países más desiguales. A partir de esto, se precisa dimensionar que las medidas estandarizadas de productividad son una de las máximas expresiones de desigualdad en períodos de pandemia. No todos los/as trabajadores/as y los/as estudiantes tienen acceso a computadoras, internet y, por supuesto, es impensable a un cyber café. Sin embargo, la medición del rendimiento es hegemonizada y sin consideraciones pedagógicas humanas. Sin tomar en cuenta el estado emocional manifiesto en una crisis global. El infortunio de las cuarentenas desiguales también azota de manera violenta a quienes no tienen otra alternativa que vivir de lo que venden diariamente; y más a quienes ni siquiera tienen un hogar donde pasar la cuarentena.

Patriarcado en cuarentena

El patriarcado representa en la historia el sistema de dominación por excelencia. Está presente en lo político, cultural, lo económico; se encarga de imprimir su sello en las subjetividades y los cuerpos. Pero, sobre todo, está presente y con alta intensidad en la crisis sanitaria. Si no bastaba el shock de la pandemia; la desigualdad en las brechas salariales; las desigualdades en el acceso equitativo a recursos y demás, las mujeres también sobrellevan la cuarentena conviviendo con los verdugos. Así que la cuarentena, con violencia doméstica y femicidios, frente a instituciones patriarcales y en el marco de una pandemia, es también un panorama terrorífico. Concluyo afirmando que toda esta distopía materializada, es el resultado del fracaso de la gestión del régimen dictatorial. Que persiste en la imposición violenta del modelo neoliberal y que, aún frente a una pandemia global, no hace más que profundizar la precarización de la vida. Sin embargo, se manifiestan narrativas del descontento y prácticas solidarias, tan necesarias en estos momentos de crisis.

Honduras: dictadura y cuarentenas desiguales


[1] Sociólogo por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Extensión crítica: teorías y prácticas en América Latina y el Caribe. Técnico de investigación en Médicos del Mundo.

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