Honduras: mujeres violentadas se refugian en casas secretas que necesitan apoyo gubernamental

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Para la directora de Calidad de Vida Honduras, este tipo de centros de ayuda deberían ser una prioridad y contar con un presupuesto por parte del Gobierno.

Tegucigalpa/EFE. Ante la incesante inseguridad que viven las mujeres hondureñas, los tres refugios secretos de la Asociación Calidad de Vida de Honduras tienen como propósito proteger a mujeres maltratadas, desplazadas por la violencia o victimas de trata de personas, en un país donde cada 23 ocurre un femicidio.

Estos espacios requieren de apoyo de una normativa y un presupuesto fijo. El primer refugio para mujeres víctimas de violencia doméstica, abrió sus puertas por primera vez en 1996 en Tegucigalpa, con el propósito de ofrecerle a la mujer una oportunidad para salvar y proteger su vida, dijo la directora de la asociación, Ana Cruz, en una entrevista a EFE.

Ante los diferentes tipos de violencia de los que son víctimas las mujeres, Calidad de Vida decidió abrir en 1996 un centro para mujeres víctimas de violencia doméstica, intrafamiliar y sexual, uno para mujeres desplazadas por la violencia en 2015 y una tercera casa para mujeres afectadas por la trata de personas en 2018.

Las mujeres que son victimas de violencia intrafamiliar, violencia domestica y sexual, pueden estar en el refugio hasta tres meses con sus hijos, sin embargo, las mujeres que han sido victimas de trata de personas no tiene un limite de estancia pues dependen de procesos legales para su reubicación.

“A las mujeres no les gusta estar en una casa refugio, cualquiera puede decir que (el refugio) es como un hotel para ellas, pero a ninguna mujer le gusta estar encerrada”, enfatizó la activista.

Atención integral

Según informó la directora, cada centro brinda una atención integral a las mujeres, que va desde ayuda psicológica, jurídica y toda aquella atención que sea necesaria para su recuperación.

“Uno de nuestros objetivos es que la mujer salga preparada (…) que reconozca que es un ser humano que tiene derechos y le enseñamos a no negociar sus derechos y sea respetada”, enfatizó.

Asimismo, los hijos de las victimas también reciben servicios pedagógicos para que continúen con su ciclo escolar.

En ese contexto, los casos que más llegan a la asociación son los de las víctimas de violencia doméstica, puesto que este es uno de los grandes problemas que afecta a todos los niveles socioeconómicos y grupos étnicos, aunque la mayor incidencia es en las mujeres de bajos recursos, subrayó Cruz.

Según los datos de esta organización, las mujeres más afectadas están entre las edades de 18 y 26 años, lo que refleja que la violencia comienza desde temprana edad.

“Si una niña está viendo que su mamá recibe violencia, ella normaliza ese patrón de conducta y también cree que es normal y natural recibir violencia”, apuntó.

Durante el primer semestre, en Honduras se presentaron aproximadamente 50 mil denuncias por violencia machista, así lo indican los datos de esta asociación.

Confidencialidad

Las mujeres que se avocan a estos centros para recibir ayuda son atendidas bajo estrictas normas de confidencialidad para asegurar sus vidas de sus agresores, es por eso que la ubicación de estos centros es secreta como política de seguridad. Además, las mujeres son trasladadas en vehículos polarizados y de niche para que no conozcan la dirección exacta del centro.

Las mujeres que se albergan en estos centros colaboran en actividades como la preparación de la comida, limpieza y cuidado de los niños.

También participan en terapias terapéuticas para «mejorar la relación entre madre e hijos», indicó Cruz, quien instó al Parlamento hondureño a aprobar la Ley de Casas Refugio, presentada en 2018, para mujeres víctimas de la violencia machista en el país centroamericano, que ya deja más de 200 muertas en lo que va de año.

«Es urgente tener esa normativa que regule las casas secretas» y que el Gobierno asigne un presupuesto anual de unos 4 millones de lempiras (160.000 dólares) a cada refugio, enfatizó.

En su opinión, la lucha contra la violencia de género continúa siendo uno de los grandes desafíos para Honduras, un país tradicionalmente dominado por los hombres y donde «la vida de la mujer no vale nada».

 

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